He tenido que denunciar a uno de mis mejores amigos, fallecido
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Me acaba de pasar algo doloroso en Linkedin. He recibido una notificación de aniversario en el puesto de un amigo mío, tristemente fallecido hace 2 años.

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Review de Gingko
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He dado con una herramienta que, si no es revolucionaria para vuestro trabajo o estudios, poco le falta. Es gingko, y a continuación va mi review

Qué es lo que estaba buscando

Tengo que trabajar a toda velocidad con textos complejos, de gran nivel de detalle. Un editor lineal (me da igual un editor de texto sencillo que un editor WYSIWYG como Word) se me quedaba pequeño una y otra vez, porque tengo que recorrer arriba y abajo todo el rato, cambiando o mejorando cada sección del documento.

Mi amigo Rafa Ontivero me insistió sobre una aplicación de la que me habían hablado otros colegas (como Moisés Cabello) para crear documentos complejos y que necesitan materiales de referencia: novelas, en su caso, o informes, en el mío (me dan de comer, aunque sueño con algunos borradores de monografías…).

La aplicación se llama Scrivener. Tiene un montón de buenas ideas y, de hecho, es lo que necesitarían ser los editores de documentos de verdad. En un entorno unificado se gestiona el documento (entorno a un árbol de secciones muy cómodo) como la documentación auxiliar. Os animo a probarla, porque es realmente interesante.

Sin embargo, para mí tenía dos límites:

  1. No hay versión móvil. Es un problema, porque hay veces que no llevo un PC encima. Hay versión prometida para iOS, pero con un retraso más que considerable
  2. Está pensado para el escritor wannabe. O incluso para el escritor, aunque éstos últimos sean muchos menos. Está pensado para un usuario en solitario, y no hay implementada ninguna función de colaboración, ni se la espera.

El segundo problema es para mí un deal breaker, porque trabajo en equipo sobre documentos. Probé incluso a generar una parte mía exclusiva de documento con scrivener, pero entonces el invento perdía la gracia.

Tras unas semanas de búsqueda ocasional, di con gingkoapp.com a partir de la relación de outliners de wikipedia. Lo que vais a seguir leyendo son los resultados de mis pruebas

El creador

Tengo un proceder muy mío con el software. Nunca estoy satisfecho, y siempre busco nuevos productos que mejoren algún aspecto de mis operaciones (por más que sólo adopte los que me ofrecen mejoras reales).

Si el producto es de una empresa pequeña, y me interesa lo suficiente, me pongo en contacto con los creadores. Para mí, el diálogo sobre el producto, sus funcionalidades y su futuro es esencial de cara a apostar por él o no.

Adriano Ferrari es un desarrollador con una idea tremenda: hay un amplio margen de mejora para escribir y para leer textos.

Cuando empecé a usar el producto, me llamó tanto la atención que me puse en contacto con él. La primera vez en inglés, y la segunda en castellano. Las respuestas han sido amables y precisas, y me han animado a seguir usando el producto, y a pasar a versión Premium.

Eso, reconozco, es asunto mío: si algo me gusta lo suficiente, pago cuando estoy convencido. El caso previo, como muchos sabéis, es Inoreader. Un producto que nace como lector RSS social y que acaba siendo un information hub de primera categoría, y por el que aposté tras intercambiar correos con su creador, Yordan Yordanov.

Para mí, la informática es algo personal. En muchísimos sentidos

El concepto

Parece mentira, pero demuestra que se puede innovar donde parecía imposible: en la edición de textos. Como dice Adriano:

With Gingko, you can always see the bigger picture (to the left) and the details (to the right). This simple change makes a profound impact.

Gingko makes text 2 dimensional, allowing you to read in breadth, or depth Truly 2-dimensional text. Example Notes on Ancient Greek History (written in Gingko)
It means that text can now be two-dimensional. There’s the linear dimension, and the hierarchical dimension. (Note: Tables of contents, parentheses, footnotes and marginal notes are several attempts to add this second dimension.)

Remember that there is nothing sacred in the way we organize text. When computers came onto the picture, all constraints were removed, and our words expanded into this vacuum in the most chaotic way possible: as a Web.

I argue that this is simply a response to the limitless freedom that computers provide, but it is not the best way to organize information for humans to read and understand.

Dentro video

En otras palabras, lo que te ofrece Gingko es un espacio de trabajo dividido en columnas, en las que puedes ir insertando tarjetas de texto formateadas con MarkDown.

Acabas de escribir una nota. Control + Enter. Quieres escribir una nota hermana (de igual nivel jerárquico). Control + down. Quieres escribir una nota hija (de menor nivel jerárquico). Control + derecha. Quieres volver a editar. Control + Enter de nuevo, y Shift + F11 para que salga un editor sin distracciones.. Te mueves por las notas con cursores y listos.

Tan sencillo. Tan inmediato. Ya está.

Ferrari lo define como A mix between Evernote + Workflowy. He probado WorkFlowy, y me gusta más Gingko por la presentación visual y el trabajo con tarjetas. Lo que quiero es reproducir en la medida de lo posible el workflow de Scrivener y tener separados los materiales inmediatos del texto dividido en tarjetas, y de momento la experiencia es muy satisfactoria.

Sobre todo porque, al final, cuando el texto te mola, lo puedes “compilar” como con Scrivener. En la ruedecica de la derecha arriba, eliges si la salida debe ser HTML, markdown, docx… y sale todo el documento perfectamente ordenado. Es sencillamente tremendo: sencillo, limpio, eficaz.

¿Markdown?

In principio erat HTML. O incluso SGML. Pero escribir en HTML no es la cosa más cómoda del mundo, y a no mucho tardar surgieron distintos lenguajes de marcación más sencillos. En vez de b y /b, se emplearon signos más rápidos, como dos asteriscos.

De hecho, cada motor wiki (mediawiki, dokuwiki, tikiwiki, etc.) usan su propio sistema de marcado interno para editar. Cuando se visualiza la página, el motor se encarga de convertirlo a HTML para que se vea en el navegador.

Lo que ofrece markdown es una estandarización de estos sistemas de marcación sencillos. Reconozco que me ha costado, porque son años de costumbre de trabajar con el de dokuwiki. Pero la idea es buena: trabajar siempre de la misma manera. Además, hay muchas herramientas para convertirlo al formato que queramos: HTML, DOCX, LaTeX, etc.

Otro video más

Características y funcionalidades que me han atrapado

  • Los atajos de teclado y su velocidad

La velocidad que se puede alcanzar en una aplicación con atajos de teclado bien pensados es inalcanzable con cualquier otro método. Esto es así por la sencilla razón de que no hay que despegar los dedos del teclado en ningún momento.

Uno de los aspectos que más me está gustando de gingko es que está completamente orientado al teclado. No tengo que usar el ratón si no quiero, y de hecho no suelo usarlo. A poco que es largo el texto, abro el modo de escritura sin distracciones y veo el texto a tamaño gigante, lo que mi presbicia agradece. Acabo de escribir la tarjeta de turno, y vuelvo al espacio principal. En algunos momentos exporto a HTML para ver el texto en su conjunto, y vuelta a empezar.

Como detalle preciosista, los atajos son o los estándar (cursores) o los de vim (HJKL). Esto, unido a Markdown, ofrece una productividad tremenda cuando de lo que se trata es de organizar información escrita.

  • Trabajo colaborativo

El trabajo colaborativo funciona evitando la concurrencia de permisos. No es colaboración en tiempo real, como Google Docs, pero al estar dividido el documento en tarjetas no hay problema en trabajar varios a la vez, cada uno con su área de responsabilidad.

Cuando trabajo colaborativamente con wikis, lo que solemos hacer es dividirnos el trabajo y editar cada uno las páginas que le corresponden. Este caso es igual, pero mucho más fluido. La ventaja de gingko comparado con los wikis es que en todo momento se puede comprobar cómo van progresando cada una de las tarjetas.

Una limitación que tiene de momento es la carencia de un histórico: no hay un historial de cambios que poder revertir. Sin embargo, la solución está planeada

We will soon have a trash feature, then full undo, and eventually a complete version history.

  • Casi multiplataforma

He probado gingko en distintos navegadores completos (de escritorio) en Windows, Linux y Chrome OS. Perfecto.

De hecho, en ChromeOS va más fluido y rápido que Google Docs. Tal cual.

En ChromeOS para Android: Casi perfecto. De hecho, tanto una pantalla táctil como un ratón con rueda, o un touchpad con gestos, ayudan para recorrer el texto completo. El único problemilla es que, cuando editas, se amplía la zona de la pantalla hasta un tamaño excesivo. Pero eso no pasa en el modo de escritura sin distracciones, que funciona a las mil maravillas.

El que va chungo, sorprendentemente, es en iOS con teclado externo. No funcionan bien los atajos de teclado. Pero es la única excepción que he encontrado.

  • Sencillez

A la edición y la navegación entre tarjetas se le suman sólo el mínimo de funciones posibles para ayudar con la estructuración de textos. Por ejemplo, se pueden marcar

De manera que se puede planificar los contenidos que va a incluir cada tarjeta. Pero eso es todo. La idea es ayudar en lo posible a concentrarte en el documento, sus contenidos y su estructura. Nada más

  • Exportación y publicación

Lo que cierra el trato para mí es que con un sólo clic se puede exportar el árbol entero de tarjetas a un documento markdown o un documento HTML.

Un documento HTML se puede exportar a cualquier blog o CMS. Un documento markdown se puede convertir a todos los formatos de texto principales, de forma muy sencilla y sin fallos.

Lo bueno de esto último es que se puede generar una parte de un texto usando gingko, y luego sumarla a algo más amplio. Por ejemplo, si tus compañeros usan Word o Google Docs y no quieren usar gingko por el motivo que sea, no hay problema: se exporta, y se suma al documento más amplio.

En Resumen

Tampoco voy a exagerar. No es la piedra filosofal. No vale para todos los proyectos o necesidades.

Lo sigo probando. He de decir que me está encantando. Es, simplemente, una idea feliz.

Para mí, lo mejor es que rompe con la metáfora del folio infinito que son los editores normales. No nos engañemos: con ellos me gano el pan, y han supuesto una revolución tan grande que es invisible. Pero cuando hay que trabajar con documentos complejos, el trabajo con un árbol y nodos (tarjetas dentro de gingko) es un salto a mejor muy importante.

Ahorra trabajo y esfuerzo a la memoria. No tenemos que depender de nuestras (cansadas) neuronas para mantener el texto en la cabeza, sino que podemos concentrarnos en cada sección del texto, y recuperar la visión general con dos pulsaciones de teclado.

Sólo queda lo obvio: recomendaros que lo probéis. Es de una sencillez tan sorprendente que puede cambiar para mejor parte de vuestra forma de trabajo.

Edito: si queréis ver la review en gingko, id aquí: https://gingkoapp.com/review-de-gingko ; si queréis ver la conversión a html, es ésta: https://gingkoapp.com/export/4c2f84070e7f1f121700003a.html

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RSS: YOUWHENWHAT

O más corto aún – RSS:YWW

Esta mañana he estado discutiendo con uno de los creadores de Inoreader sobre la amenaza que puede suponer para los clientes RSS surgidos a partir de la muerte de Google Reader. A Yordan le preocupa que uno de los creadores de RSS se ponga a currar para Facebook, por el poder del monstruo, y yo le he quitado importancia. A continuación, traduzco mi largo comentario en espera que sea de vuestro interés.

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Breve apunte sobre canon AEDE y recuerdo previo
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Julio 2014. El Canon AEDE ha sido aprobado el 22, martes, sin disponer de ninguna pista sobre el desarrollo de su reglamento. Entiendo que si seguís leyendo conocéis el tema, y como estoy en movilidad no voy a meter vínculos sobre lo que se conoce de dicho ataque a la ciudadanía española.

Tampoco los meto como ejemplo. Un post currado tiene que sostener sus afirmaciones con links, pero en el peor de los casos dichos links (y, no digamos, la cita a la que perdemos derecho por la irrenunciabilidad del canon) van a ser constitutivos de sanción económica, impuesto revolucionario o como lo queráis llamar.

Dicho impuesto lo va a cobrar CEDRO como gestor universal. Ya hay precedentes de la gestión de derechos por parte de dicha organización a autores que no lo deseaban explícitamente. Desde aquí hago un llamamiento a los compañeros académicos que siguen colaborando con esa organización privada a que se lo replanteen, viendo a dónde vamos.

Julio 2011. Hace 3 años, despacho de UCM. Un profesor que fue parlamentario en tiempos acabó la reunión indicando que “Internet necesita regulación, necesita control, y lo vamos a hacer”. Lo que interpreté como bravuconada de alguien que ha perdido el tren de la historia y cree en peligro sus privilegios era cierto en lo último, pero no en lo de bravuconada. Ahora es evidente lo que tenía en mente, aunque yo no lo podía sospechar.

Esto también es un ataque del pasado contra el futuro, de quienes viven de nosotros a quienes quieren construir el futuro económico del país.

Todo esto queda dicho en un blog de empresa, y no en mis blogs personales. ¿Por qué, si nuestras actividades no se ven literalmente afectadas? Pues porque indirectamente sí que se van a ver, como toda la España online. Porque es una indecencia insoportable convertir el derecho a cita en un canon. Porque a España, en su delicada situación, no se le pueden poner más palos en las ruedas de su maltrecho carro.

Porque para que España salga adelante necesitamos sumar, necesitamos que todos (empresas, AAPP, organizaciones) colaboren en reinventar la economía del país. España no admite una sola operación parasitaria más.

Mi esperanza es que sea una medida temporal. Que su desarrollo reglamentario choque con la legalidad precedente y sea derogado por el TC, tras unos años en los que se sangrará inmoralmente a los españoles. Pero no las tengo todas conmigo.

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Sopesando una campaña en twitter

tranquilo, es sólo un cromosoma extra

https://twitter.com/SciencePorn/status/422835308715995136/photo/1

Como sabéis, una de nuestras líneas de trabajo es la discapacidad. Se trata para nosotros de una vocación tardía, pero estable: después de trabajar en proyectos relacionados con discapacidad, ni podemos ni queremos parar. Además, la inclusión de las personas con discapacidad llevaba una recta ascendente desde hace años que ahora se frena por la crisis económica. Más aún, se ponen en peligro los progresos conseguidos y es bien posible que eso se traduzca a la sociedad: lo lógico es que los ciudadanos se desensibilicen ante unos colectivos que vuelven a ser invisibles.

Traigo esto a colación por la enésima tangana inevitable que he tenido en twitter: cuando reconvengo a una persona el uso de “mongólico” como insulto, como buena española cae en el mantenella y no enmendalla y antes revienta que rectificar. Luego nos extrañamos de los espejos, digo de los políticos, que tenemos.

Espero que no os importe que no cite la fuente. Se me ha pedido así y creo que con describir la situación es más que suficiente para hacerse una idea.

Lo más interesante fue la discusión sobre si “mongólico” era o no un insulto conectado con la discapacidad. Hubo quien afirmó que “mongólico” ya no se usa en relación a las personas con síndrome de Down y, por lo tanto, es un término peyorativo que ya no se conecta con ellas. La etimología, por cierto, no deja mucho espacio para la duda: o el insulto deriva del término referente a la trisomía en el par 21, o deriva del topónimo de esa extensa región de la tierra.

Dada la falta de conexión de España y los españoles con Mongolia, la cosa está bastante clara: por más que la inclusión de las personas con discapacidad intelectual haya experimentado una mejora considerable, ni mucho menos se han desterrado las referencias peyorativas a ellos.

A ellos, o a las personas con parálisis cerebral y/o multidiscapacidad. Las vocalizaciones de una persona con parálisis cerebral con las cuerdas vocales, la mandíbula o la lengua afectadas se emplean, en triste imitación, como atajo eficaz para insultar a un tercero, calificándole… pues eso, de retrasado, limitado o lo que queramos.

Twitter es un medio público con éxito evidente en nuestros días. Es una plataforma social extremadamente efectiva a la hora de extender mensajes. Y respecto a “mongolo” o “mongólico“, refleja un uso social ni mucho menos extinto. Hice una prueba rápida y éstos fueron los resultados: Mongolo fue usado en mi muestra 11,3 veces por hora (una vez cada 5’20”) y mongólico fue usado en la misma muestra 13,41 veces por hora (una vez cada 4’30”).

La muestra es sólo de 24 horas, con lo que el histórico podría mostrarnos variaciones, pero cumple su cometido: demuestra que el uso peyorativo de “mongólico” y “mongolo” no está ni mucho menos desterrado y que hay mucho trabajo por hacer.

Mi usuario de Twitter tiene sólo 818 seguidores. Uso twitter relativamente poco, porque el ritmo de actualizaciones de twitter es muy eficaz a la hora de desconcentrarme. No podría asumir una campaña manual de ninguna de las maneras. Se me ha ocurrido que un pequeño robot que contestara de forma amable a cada mención de “mongolo” o “mongólico” podría ser un aporte significativo para luchar contra el uso peyorativo de esos términos, pero al indagar me encuentro con las buenas prácticas de twitter respecto a los mensajes automáticos.

Automated @replies and mentions

The @reply and Mention functions are intended to make communication between users easier, and automating these processes in order to reach many users is considered an abuse of the feature. If you are automatically sending @reply messages or Mentions to many users, the recipients must request or approve this action in advance. For example, sending automated @replies based on keyword searches is not permitted.

Users should also have an easy way to opt-out of your service (in addition to the requirement that all users must opt-in before receiving the messages). We review blocks and reports of spam, so you’ll need to provide a clear way for users to opt-out from your messages.

Voy a tratar de seguir indagando en busca de una solución mejor a éste problema. De hecho, os agradeceríamos mucho si aportáis alguna solución factible. En cualquier caso, el problema es que en Twitter, a día de hoy, se puede emplear “mongolo” o “mongólico” sin problemas, pero no está permitida una respuesta automática tal que así:

@fulano Por favor, no emplees la discapacidad como insulto. El español es un lenguaje muy rico a ese respecto.

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Maravillosos saltos de rana en Internet

Hace seis meses descubrí a James Uhart,  un pianista de jazz que hace una música suavemente repetitiva muy interesante y que tiene el efecto de pillarme en bucle.

No recuerdo quién posteó en twitter una referencia a Uhart. Hice click y no pude parar durante días. En Spotify (que pago con gusto mes a mes) tienen buena parte de su obra, y la saboreo con frecuencia.

Es parte de la música que me llena, y nuestro blog es de empresa, no de mi música. Con haberos dejado las referencias y los videos, ya he cumplido en lo que a música se refiere. De lo que quiero hablar es de los efectos maravillosos de los saltos entre plataformas y recursos online.

Al poco de pillarme por esta música, busqué y encontré los vídeos en youtube del Jtrio. No lo pensé y le dejé a James un mensaje en los comentarios de youtube, que en aquella época eran de youtube todavía.

Mensaje a través de youtube

No mucho después, Google llevó a cabo uno de esos movimientos de el-foie-gras-se-logra-metiendo-la-comida-por-el-gaznate-del-ganso-con-un-palo. No es imposible que sea una de las últimas jugadas de trágala plus, a tenor de cómo se está desinflando, pero lo cierto es que los comentarios de youtube pasaron a ser de google plus. Y así quedó mi comentario.

El trágala plus nos hizo perder Google Buzz (no sabéis lo que os perdísteis los que no lo probásteis), Google Reader (más sabéis lo que perdimos, hasta que apareció inoreader). La pérdida de Buzz y Reader me ha hecho obviar Plus salvo excepciones útiles, como los hangouts de wintablet y poco más. Alguna vez le doy a la campanaza de avisos, pero es más que raro que abra algún aviso. La gente que me conoce tiene mi email, y la que no tiene mi twitter.

Esta mañana estaba buscando una conversación de los editores de wintablet, cuando un aviso de mi amigo Paco Carpena me ha llamado la atención. Un like a la conversación con James Uhart, que yo no pensaba que era tal.

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Lo cierto es que Plus me ha ayudado en esta ocasión. A cada uno, lo suyo, por más que Plus me parezca el hubris de google.

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El mismo día, James me respondió. Y era la respuesta que esperaba: van a tocar en Madrid. Como quiera que nunca he sido un comentarista de youtube, se me pasó el aviso que se supone que enviaba su sistema de comentarios. Pero gracias a Paco, he sabido de la respuesta de James y podré ir a su concierto

Os invito a reflexionar un momento sobre la cadena que acabo de relatar. Cada uno de los pasos era sencillamente imposible hace menos de 7 años. Gracias a los medios transparentes que tenemos hoy en día, he descubierto a un trío de Jazz que me encanta, he podido hablar con su líder y espero poder ir a su concierto, gracias también a que otro amigo vio nuestro intercambio, le gustó y lo marcó.

Las posibilidades al alcance de nuestros dedos son tremendas. Dan lo que dé de sí nuestra necesidad y creatividad. Pero no se ponen en marcha por sí mismas.

Por supuesto, lo único que he escuchado mientras escribía esta entrada es la música del Jtrio 🙂

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Participación online en los partidos políticos
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Los cambios en el panorama electoral español nos han motivado a recorrer sus espacios online y compararlos. De cara a la comunicación y participación online es sorprendente.

PP

PSOEIU

UPyD

Ciudadanos

Partido X

Podemos

Vox

Primavera Europea

En ninguno de los espacios online de los partidos hay un foro público dentro del dominio del partido. En todos hay formas para participar en Facebook y Twitter. Y esto hace no mucho tiempo no era así: al menos en la web del partido popular había un foro muy activo, y muy probablemente ocurría otro tanto con la web del PSOE.

La diferencia fundamental entre Facebook o Twitter, por un lado, y un foro, por otro, es que las redes sociales populares no son acumulativas. No permiten consultar con eficacia los diálogos de tiempo atrás. Peor, no es posible mantener un diálogo más allá de unos pocos días, porque a poco que sea popular un post, se hunde bajo el peso del los posts posteriores.

Otra diferencia más sutil, pero a la larga igualmente significativa, es que Twitter y Facebook (sobre todo el primero) están orientados a la conversación de uno a muchos. En twitter es extremadamente complejo y confuso superar la barrera de la conversación telegráfica, y a poco que se meten conversadores la cosa se pone compleja. Si bien en Facebook es posible mantener conversaciones, son necesariamente limitadas debido a que son lineales, no pudiéndose desarrollar las sub-conversaciones con orden. Twitter y Facebook, en no poca medida, se conciben como medios para transmitir el mensaje que antes era exclusivo de televisión, prensa y radio.

Algunos puede que identifiquéis a los foros con medios de la Internet primera, de al menos 10 años. “Antiguo” no significa pasado sino maduro, y una amplísima variedad de comunidades se siguen basando en ellos. Comunidades que, gracias a los foros, acumulan durante años un conocimiento que no se puede obtener más que dialogando día tras día, y organizándolo de la manera adecuada.

Hay software maduro como phpBB, que permite a cualquier organización instalar un foro en unos cuantos clics. Hay software innovador, como discourse, que con cierto tino están innovando el foro como medio social.

Lo importante de cualquier foro es que es propiedad de la organización, y que está orientado al diálogo. El diálogo es su razón de ser, y con el diálogo continuado se acumula conocimiento o se optimizan las ideas.

Creo que el diálogo es imprescindible para perfilar ideas que saquen España adelante. El foro es un medio privilegiado para ello y, hasta donde he podido averiguar, nuestros partidos lo han abandonado o, si son más recientes, no lo han adoptado nunca. Facebook está, al igual que Twitter, orientado a la comunicación de uno a muchos, las más de las veces muchas veces al día.

Hasta aquí la descripción. Ningún partido emplea foros o equivalentes (listas de correo) abiertos al público exterior. Es un problema lo suficientemente complejo como para que no sea apropiado aventurar la causa de que ni el PP, ni el PSOE, ni IU, ni PODEMOS, ni UPyD, ni Ciudadanos, ni VOX, ni Primavera Europea, ni Movimiento Red, ni Partido X tengan foros propios, mientras que todos tienen presencia en Facebook y cuenta en Twitter. De hecho, algunos mencionan explícitamente la participación en redes sociales, pero no el diálogo online.

Me encantaría conocer las razones que han llevado a renunciar a ellos o a no adoptarlos nunca. Pero el hueco está ahí. Ni Facebook ni sobre todo Twitter están enfocados al diálogo. Y sí me resulta evidente que en España tenemos un severo déficit, quizás histórico, de diálogo más allá de nuestra parroquia o de nuestra zona de confort.

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Qué es un ordenador
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Hace un par de años, un buen amigo nuestro nos contó una anécdota simpática: al cambiar de monitor, su compañera se había echado las manos a la cabeza pensando que había perdido todos sus datos: “¡Pero cómo no consultas antes! ¿Sabes el trabajo que tenía ahí acumulado?” Llevaba años usando la máquina, pero ni se había percatado de la CPU. Lo más visible, el monitor, englobaba la totalidad del concepto “ordenador”.

Como dirían en The IT Crowd, are you from the past? No, por supuesto que no. Simplemente, el funcionamiento de una máquina resulta muchas veces transparente para el usuario. No se pregunta cómo funciona, simplemente la usa. Y puede llegar a identificar lo que ve con su esencia: monitor, teclado y ratón (especialmente, cuando la torre es pequeña o está colocada debajo de la mesa o detrás del monitor…). ¿Os parece exagerado? Quizá sí, pero todo depende del nivel de alfabetización digital que tenga la persona. Y, mucho ojo, si bien una mayoría de los lectores conoce perfectamente los componentes fundamentales del hardware de un ordenador, quizá existen otros elementos que pasan desapercibidos. Ya nos encontramos con esta curiosa experiencia en las sesiones de voluntariado tecnológico intergeneracional que llevamos a cabo hace un tiempo: algunos jóvenes que intentaban acercar a los mayores a Internet y al funcionamiento básico de los ordenadores no identificaban el sistema operativo como software (y un software específico que puede cambiarse y para el que existen alternativas diversas, libres o propietarias). Lo obviaban. El ordenador funcionaba, y punto. No había que hacerse más preguntas. ¿Que un buen día la máquina va mal? “Será que se ha quedado anticuada”, “Ya sabía yo que esta marca…”, “Se la voy a pasar a fulano, que sabe mucho de esto y me la dejará niquelá’ por un módico precio”.

Un ordenador (una computadora -término mucho más adecuado que el anterior-) es un elemento ya imprescindible en la vida cotidiana de millones de personas. Y su pleno control exige acabar con esta transparencia conceptual que deja desarmado al más pintado. ¿Quieres dominar y sacar el máximo provecho a tu máquina? Entiéndela. Recuerdo que hace unos años decidí abordar en solitario la reforma del baño de mi casa; nada serio: lavabo, espejo y muebles. ¿Sabéis por qué lo hice? Porque quería desterrar el misterio que giraba en torno a todo el asunto fontanería de mi cerebro. Y fue una gozada. Ahora me siento más segura en mi relación con las cañerías y los atascos. A la pequeña escala de mi domicilio, ya no se me resisten. Pues bien, otro tanto ocurre con las computadoras: cuanto más exploras dentro, cuanto más las entiendes, menos disgustos pueden darte y más ventajas puedes obtener de ellas.

En el camino hacia una comprensión neta de qué es una computadora, proyectos como Raspberry Pi resultan de gran ayuda. Cualquier persona puede ver sus entrañas y explorar sus componentes. Y, por tanto, entender en qué consiste realmente una computadora.

Raspberry Pi

Luego llegan los periféricos (teclado, pantalla…) y el asunto software, para que pueda hacerse algo con el cacharro. Y llegan también la creatividad y la trascendencia del concepto: mezclando una pantalla Pixel-qi a palo seco con un teclado y una Raspberry Pi, tal y como nos viene contando últimamente Juan Luis en su blog sobre Tinta-e.

Prototipo de la computadora DIY de JL

Lo que más me ha atraído de su proyecto personal de construcción de una computadora es que llega en un momento feliz: en el momento en que, como me decía Francisco de Solutein hace poco, “las computadoras se han convertido en consumibles”, fabricadas cada vez más para que duren lo justo (el tiempo de garantía). Es triste que aparatos magníficos, capaces de procesar una cantidad ingente de datos, se conviertan, conceptualmente, en máquinas de usar y tirar. Es una aberración intelectual propia de una época de sobreabundancia cegadora. Y por eso el momento elegido por Juan Luis para construir una máquina con sus propias manos y con componentes específicos es perfecto, porque supone una ruptura con la tendencia y nos sitúa frente a un problema real que hay que corregir. Cuando la sobreabundancia termine definitivamente (y lo hará), habrá que aprovechar lo que haya, sabiendo para qué sirve cada cosa, entendiendo cómo funciona y rompiendo con el misterio de lo que resulta transparente a nuestros ojos (siempre oculto bajo una hermosa carcasa).

Os animo a hacer un experimento: conseguid una Raspberry Pi y mostrádsela a un niño, junto a un smartphone, un tablet, un portátil y una torre (con monitor y teclado); y lanzadle la pregunta: “¿cuál de estos aparatos es un ordenador?”.

Computadoras

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Habla chucho, que no te escucho
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Un niño maleducado nos soltará un “habla chucho, que no te escucho” en el momento en que le llamemos la atención por algo que haya hecho mal. Y, por si el mensaje no nos queda suficientemente claro, reforzará la expresión con el gesto de taparse los oídos:

Fuente: resultados de búsqueda de Google images.

Digamos lo que digamos, hará oídos sordos.

Sin embargo, de un niño bien educado y, qué decir tiene, de un adulto no esperamos tal comportamiento. Difícilmente, una comunicación entre dos personas podrá resolverse tan fácilmente, obviando una de las partes las palabras de la otra. Desde luego, el gesto de taparse los oídos habrá de quedar reservado para la más estricta intimidad. Y el habla chucho… Pues ni en la intimidad.

Cuando la situación pinta mal, entre adultos se estila más el tipo de recomendación de “a palabras necias, oídos sordos”. En unos casos, esta recomendación culturalmente asimilada puede conducir a guardar silencio ante una posible ofensa. En otros, a evitar encuentros potencialmente ofensivos con esa “fuente de necedad”. Los artistas, ensayarán incluso sonrisas de pose para ocultar su ira. Y las conocidas como “personas sin pelos en la lengua” se reservarán la recomendación y responderán en el mismo código que el interlocutor, llegando hasta donde ambas partes encuentren el equilibrio. En la despedida, cada cual pensará lo mismo del otro: “será […]”

Pero ¿qué pasa cuando uno de los interlocutores es una gran empresa y el otro su cliente? ¿Puede una empresa permitirse el lujo de taparse los oídos antes una recriminación de un cliente? ¿Puede obviar una palabra ofensiva? ¿Puede reaccionar con un infantil y maleducado “habla chucho, que no te escucho”? ¿Puede ponerse a la altura o bajura de la ofensa y demostrar enfado?

Quizá, de las opciones sociales que brinda el “a palabras necias…”, una gran empresa debería quedarse con la sonrisa amable. En todos los espacios, por supuesto, pero especialmente en Internet, donde una palabra más alta que otra puede ganar viralidad en cuestión de horas o días. La ira, la rabia, la ofensa, el enfado no tienen cabida, dado que, sobre todas las cosas, lo que necesita la empresa es mantener los clientes actuales y conseguir nuevos; y, para ello, debe descartar la opción del enfrentamiento abierto.

¿Y puede hacer un “habla chucho, que no te escucho”?

La pregunta parece fácil de responder, pero no debe de serlo tanto. Cuando leemos los muros de facebook de estas grandes empresas (repaso que ya iniciamos en el post anterior), comprobamos cómo los community managers parecen a veces haber llegado a su punto de saturación; han tirado la toalla y ya no saben cómo reaccionar públicamente ante la avalancha de críticas que recibe la compañía a través de los espacios que ellos gestionan. Se ha ido extendiendo la idea de que las críticas y reclamaciones vía facebook o twitter tienen más efecto que las realizadas a través de cauces tradicionales (hoja de reclamaciones, teléfono de atención al cliente, buzón de correo…). Y se aprovecha cualquier ocasión para volcarlas:

Post en el muro de facebook de una gran compañía

Los muros parecen auténticos teléfonos locos o diálogos para besugos; una suerte de “habla chucho…” virtual en el que los mensajes de crítica, queja o reclamación quedan sin respuesta o con respuestas vagas y generalistas, de impacto mucho menor que la queja que las precede. Sin duda, la empresa no puede permitirse esto, porque este diálogo unidireccional permanece en el tiempo y sus consecuencias son imprevisibles; sobre todo, cuando existen webs que se dedican exclusivamente a aglutinar los comentarios que se realizan en los muros de compañías especialmente sensibles a las críticas y contribuyen decisivamente a su difusión.

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Dinero y suciedad
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Me han llamado de onda cero para intervenir en el programa de Julia Otero, haciendo una lectura antropológica sobre suciedad y dinero. Al parecer, me comentaba Albert Sabadell, un estudio de la Universidad de Oxford revelaba los altos niveles de bacterias patógenas en billetes y monedas

Imagen CC By. por Magnus D.

Se trata de un interesantísimo problema cultural. Por una parte, la suciedad simbólica del dinero es muy amplia y tiene gran impacto, y la encontramos desde las citas evangélicas a una amplia variedad de valoraciones negativas referidas a “hacer algo por dinero”.

De hecho, “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios” (Marcos 10:25) lo encontramos en Mateo 19:24 y en Lucas 18:25. La triple coincidencia nos apunta al origen primero del cristianismo, a la colección de logia o dichos sapienciales que fueron los primeros elementos del paleocristianismo. Si recordamos las treinta monedas de Judas, nos será fácil comprobar que tanto el dinero como su trasunto material connotan valores negativos centrales para nuestras culturas occidentales.

Por otra parte, el dinero es importante. Es esencial para nuestro modo de vida, tanto que constituye la métrica principal para baremar el status social de la persona. A la ausencia de dinero se le asocian con frecuencia valores negativos, de culpabilización o de falta de capacidad, y al dinero se le atribuyen los poderes más elevados posibles para el funcionamiento social: “todo el mundo tiene su precio”.

El dinero y su objetivización material son elementos culturales centrales, de una polisemia e importancia elevadísima dentro de la densa red de significados que componen nuestra cultura en este momento. Por ello, la disonancia cognitiva se da sin problemas, a la ligera, con alegría: ni la lectura de este post nos va a hacer… ¿Qué? ¿Tocar el dinero con guantes? ¿A que suena extraño? Pues tendría sentido

De hecho, lavamos el inodoro con guantes y poniendo caras de asco en el proceso. Sin embargo, no torcemos el gesto cuando empleamos nuestros teclados, bajo los cuales hay poblaciones comparables de patógenos. Estas contradicciones dejan de serlo cuando pensamos en el valor simbólico de la suciedad y la contaminación.

Se han talado extensos bosques para publicar la gran cantidad de textos antropológicos sobre la cuestión. Pureza, suciedad, contaminación, peligro, son conceptos esenciales de la antropología, especialmente de cierta escuela inglesa de finales de los años 60 que, aunque por desgracia ya no está de moda (siendo como es la moda una desgracia para la antropología), llevó a cabo aportaciones valiosas al respecto.

Si pensamos en nuestros antepasados de hace 250 años, vivían en ciudades y pueblos donde el “agua va” era un aviso esencial para evitar que los restos de la bacinilla arrojados por la ventana cayeran sobre los viandantes. De la misma manera, se enterraba intramuros, ad sanctos, y tan pequeños eran los predios que se llenaban periódicamente y había que poner en práctica las “mondas”, que consistían en la extracción de los cadáveres, su limpieza de los restos de tejido blando en descomposición y su ubicación en una cripta. Resulta inimaginable el espectáculo visual y olfativo, que por otra parte se llevaba a cabo a la vista de todos. Cuando Hamlet se agacha y recoge una calavera no es un símbolo. Como resulta inimaginable el estado higiénico de la vida diaria de los abuelos de nuestros bistatarabuelos, por más que nos lo cuenten.

En 2014 resulta mucho más fácil comprar carne “higiénicamente dispuesta” en bandejas recubiertas de film que al peso y metidas dentro de papel de estraza. Hemos completado un movimimiento pendular respecto al significado social y cultural de la higiene y la suciedad hasta desarrollar conductas radicales, intolerantes, ante todo lo que consideramos insano o sucio. Hace más de 100 años que en las ciudades europeas llegamos al estado de salubridad que pedía el movimiento higienista entre los ilustrados, pero ocurre que en nuestros días la preocupación por la limpieza no es una cuestión científica, sino cultural, de valores. De lo contrario, no se explicaría cómo se combinan nuestras extremadas preocupaciones por la higiene alimentaria con la despreocupación con la que se toman los niveles de contaminación del aire, habida cuenta de la mortalidad de cada uno.

El problema, en suma, es que las razones objetivas tienen menos peso de lo que parecen. Por más que no se discuta un hecho (la contaminación bacteriana del dinero), este hecho no pesa a la hora de las prácticas diarias comparado con valores más centrales para nuestra cultura. Así, seguimos tocando el dinero con las manos y seguimos respirando lo que respiramos.

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