Contexto
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Fiesta de la Primavera 2013 en DATO

El sábado por la noche volvíamos en coche de la fiesta anual de la Primavera en el Centro DATO. Para mantener despiertos a los niños, les pedí que fueran diciéndonos lo que veían por la ventana. Empezó la enumeración: coches, aceras, árboles, césped (“¿Lo veis o sabéis que está ahí?” “Lo vemos, lo vemos…” “Ah, bueno”), carteles, farolas, semáforos, edificios, casas, vallas de obra, un autobús, señales de tráfico, tiendas, bares, arbustos, paradas de autobús, taxis…

Logramos el objetivo: los niños llegaron a casa despiertos. Y además nos dimos cuenta de que todavía no habíamos escrito nada en este blog sobre contexto. Y el contexto es esencial en etnografía y netnografía, nuestras especialidades.

Con el pequeño ejercicio que hicieron los niños de descripción de su entorno, cualquiera es capaz de comprender que vivimos en una ciudad. Tengo que decir que me sorprendió bastante que los niños fueran capaces de extrañar lo suficiente su entorno cotidiano como para identificar sus diferentes elementos. No me habría sorprendido una respuesta automática del tipo: “nada”. Vamos, que “no vemos nada extraño”, “nada que nos llame la atención”. Pero no. Nos hicieron una descripción detallada del entorno, sólo interrumpida por la llegada a nuestro destino. Y no es fácil que esto ocurra. De hecho, una cualidad que el etnógrafo debe trabajar a diario es la de la identificación precisa de elementos del entorno (no sólo físico, por supuesto), para poder hacerse una idea clara y precisa del contexto en el que se desarrolla la acción que le interesa analizar. Sin contexto, no podemos sacar conclusiones sobre un discurso o una acción determinada. Y el contexto, cuando es familiar, puede llegar a pasar desapercibido.

El etnógrafo no puede permitirse el lujo de dar por conocido un contexto. Debe observar siempre con la mirada nueva, registrando lo cotidiano por si alguno de los elementos que lo componen constituye la clave para comprender un determinado fenómeno. Ya lo contábamos en otro post, hablando del extrañamiento. El etnógrafo debe extrañarse de (y, por tanto, ver) lo que para el protagonista de una determinada acción es invisible por cotidiano. Y cuando el contexto es igualmente cotidiano para el etnógrafo, el esfuerzo de extrañamiento ha de ser aún más explícito y deliberado. Exige reflexión, darse cuenta de que “no en todos los lugares del mundo las calles están delimitadas por filas de coches, la noche es tan luminosa como el día gracias a las farolas, hay árboles cada cinco metros y el tráfico está regulado por semáforos”; y quizá esto influye en la percepción de las cosas.

La belleza de la etnografía es que aprende de los individuos (de sus palabras y de sus acciones) porque los trata en sus contextos. Nunca artificializamos un contexto, porque eso implicaría desnaturalizar el discurso y la acción de las personas que van a aportarnos la información que necesitamos. Y esto ocurre tanto en la etnografía clásica como en la etnografía online o netnografía. El contexto será el que nos permita comprender un fenómeno, dar más o menos peso a determinados discursos y vislumbrar el alcance de acciones o fenómenos concretos que transcurren en un determinado tiempo y espacio.

 

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