Dar un salto tecnológico en la organización
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Alfredo Romeo publica un interesante artículo sobre la necesidad de tener en cuenta el uso social de la tecnología. En definitiva, se trata de constatar que, cuando se habla de tecnología, se habla de personas empleando esa tecnología. Una obviedad, ¿no?

Pues no.

Resulta que cuando nos enfrentamos a un proceso de cambio tecnológico en una organización, de lo primero que hay que convencer al cliente es de que la clave del cambio y del salto tecnológico no está en un software mágico que va a conseguir racionalizar los procesos, incrementar la productividad, inspirar eficiencia y solucionar todos los problemas que arrastra la organización por no estar (se supone) bien dotada tecnológicamente.

No existe ese software. No existe la solución global a todos los problemas. Y, por supuesto, la solución no está fuera de las personas de la organización.

Lo primero que se impone para lograr un salto tecnológico productivo y adecuado a la organización es analizar sus necesidades, los usos que hacen los trabajadores de sus herramientas de trabajo, sus formas de abordar sus áreas de responsabilidad y, cómo no, su relación con la tecnología. En una organización pequeña, con un cuadro directivo y administrativo pequeño, este primer contacto es relativamente económico y los resultados son definitivos. A partir de ahí, se buscan las soluciones de software que más se adecuen a estos resultados, a las necesidades reales, a la cultura de la organización.

Sin duda, la introducción de nuevas herramientas siempre va a resultar costosa y se llevará por delante determinados usos poco eficientes o que se manifiesten claramente disfuncionales. Pero hechas las cosas en el orden adecuado, pensando primero en las personas y luego en la solución tecnológica, el proceso será siempre más sencillo y tranquilo para la organización. No habrá magia; requerirá un esfuerzo (de índole cultural y técnico) y éste no será baladí. Pero las personas experimentarán ese esfuerzo como una mejora personal que revierte en la organización.

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